8.9.09

PENUMBRAS

En las penumbras se dibuja una lágrima.
Se retuercen las manos buscando nombres.
Entre nudos de trapos.
Cae de rodillas aquélla silueta.
Busca un mapa en el suelo de su llanto.
No hay caminos certeros.
Ni pasajes venideros.
La vida es un laberíntico abanico
de posibilidades, fracasos y miedos.
Donde subsisten bullicios
y minotauros hambrientos.
Todavía la confusión domina esa mente.
Cree que el peor final es la muerte,
pues solo le enseñaron a temerle.
Cuando en realidad la peor antagonista,
es la vida.
Y entonces escucha como un eco lejano.
Aquéllas palabras que nunca ha podido oír.
Esas palabras sanadoras, liberadoras.
Contenedoras de toda la dulzura existente.
Saberse que no es vano haber nacido, vivir.
Una silueta revolcada en la penumbra.
Sobre un suelo de inmundas lágrimas y saliva.
Viendo trozos de su cristal, esparcidos.
Manchas de vino salpicadas por todas partes.
¿O acaso será sangre?
Ella contempla correr fascinada y morbosa,
esos hilos oscuros que se dibujan un camino
en la penumbra.
Esos ríos rojos de sueños imposibles.
Ya imposibles de contener dentro.
La ira, el dolor y los demonios finalmente,
encontraron una grieta,
para salir.
Esos ríos,
la llevarán a navegar,
lejos de sí.
Finalmente,
dejar de existir.
31 de Agosto de 2009

10.3.09

NI LOS DIAS



Ni los días que pasan
contienen el paso del tiempo.

Las horas son suspiros.

Las fechas, artilugios vanos y ambiguos.


Cada vez dominan más:

el hastío, la inercia, el sin sentido.

La vida pasa, pero por acá el tiempo se aquieta.

Al quedarse quieto pasa sin ser percibido.


Conversan conmigo los fantasmas de los idos.

Cada vez su presencia es más certera

que la de los vivos.

Los vivos solo pueden darme desencuentro.

Más sin sentido.


El sueño domina, el sueño gana poder.

La creatividad se ahoga, la alegría no se recuerda.


Lo noche no es noche, ni día.

La noche es un estado de mente.

Nada sucede.

El mundo sigue.

Nadie vive para mí.

No pude ser.

El mundo muere.


Amparo Carranza Vélez

10 de Marzo de 2009

NI LAS HORAS



Ni las horas que se hinchan como la madera mojada.
Ni el eco furtivo de tu risa.
La secuencia de recuerdos que se extiende
hasta casi extinguirse de mi precaria mente.

Se revisten de ataúd las tardes de lluvia.
Recorren impúdicas y molestas, estas aguas,
las profundidades que albergan tu cuerpo.
Lo tocan, lo mojan, lo nutren.
Ese mismo que recorrí con mi lengua,
y nutrí con mis versos.

Allí lejos en lo oculto
permanece quieto.



Amparo Carranza Vélez

5 de Enero 2009

22.9.08

LA NOCHE




La tristeza se ancla en la inmensidad gris.
Y se expande desde mí al mundo.
Ayer intenté retenerte en mis manos.
Solo retraje las caricias inconclusas.

Mi amor es demasiado para compartir.
Pero albergarlo dentro mí, es asfixiante.
Sé que te atemorizo, sé que te asustas.

La noche se extiende desde el cielo hasta mí.
Y marca el ayer como tiempo inexistente.
El mañana traerá de nuevo tus besos, tu presencia.
Pero nunca te traerá completo a mí.

Es extraño ver caer la noche en mis labios.
Es extraño poder amar tanto.
Y sin embargo resignarse de la promesa feliz.

La distancia no tiene medida, solo oscuridad.
Y viento.
Tú no sabes reclamarme,
ni retenerme,
no sabes pertenecerme.
Tú no quieres mi sangre, ni mi linaje.
Ni la secuencia de cuerpos y de vida,
comprendidos en mi cuerpo de mujer.

Sé que nuestro desencuentro
va más allá del tiempo.
Del espacio.
Desencuentro en la noche.
Que albergas en tu mente, en tu corazón.
Esa frialdad emblemática de hombre.
Esa penumbra constante en los nombres.
Esa rigidez de alma exclusivamente masculina.

La noche se agranda.
Se enaltece.
Se eterniza.
Arponeando.
Mi pecho.
De mujer vacía.

Me dejo caer ante la derrota de mi sueño.
Me dejo vencer por la herida.
Aunque alce mis brazos al cielo.
No abrazo más que el frío.
Y permito que avance ella.
La noche que permanece.
La noche que se expande.
Y se purifica.
La noche que me hiere en la constancia.
Mientras tú existes.


Amparo Carranza Vélez.
30 de Diciembre de 2006.

31.7.08

GUERRERO



Caerán las barreras del tiempo,
que te han apartado tanto de mí.
Se deshará esta cárcel de huesos y piel.
Será bello.
Será bello ver detrás del velo.
La verdad.

Despojarás las armas que llevas sobre ti.
Ante mí no servirán.
Sabrás que no hay derrota ni victoria.
Y el filo de tu espalda será una gota de agua sobre mí.

Y detrás de cada campo de muertos y cuerpos,
encontraré la música del alma.
Los cadáveres desaparecerán en la noche.
Para dejarnos el campo libre a nuestro paso.

Tu armadura será seda en mis manos.
Tendrán el brillo que deslumbra los sueños.
No el brillo del temor.

El humo de las batallas
será el nuevo velo de ensueño.
Vibra la tierra
bajo el golpeteo de los cascos
de los caballos guerreros.

Y la fuerza bélica de tus manos
se deshará bajo mis besos.
Lavaré las cicatrices de aquellas epopeyas inciertas.
Seré el hada de agua languideciendo el metal de tus armas.
Un búho chilla con el brillo de la luna.
Y los bosques crecen para tapar las huellas.
De odio y sangre.
Las hojas de las madreselvas dibujan otra tierra.
Como yo dibujo una nueva mirada en ti.
De a poco, casi imperceptiblemente.
Silenciosa y lenta.
Mis aguas invaden e inundan la fuerza del hombre.
La doblegan.
La vuelven tan humana y suave.
Cae finalmente el guerrero entregado
al seno azul.

No hay más guerras.
Ni conquistas.
Ni comunidades de treguas.

Solo es oscuridad táctil y liquen de mujer.
No hay más tierras por conquistar.
No hay más luchas sin fin.
Olvidadas se ahogan las guerras y los lamentos bajo la luna.
Solo podrás llevar la insignia dentro de ti.


Amparo Carranza Vélez.
19 de Junio de 2006.

ABSURDO


Absurdo, amar.

Absurdo, mirarme frente al espejo y hablar.

Como si el reflejo pudiera responderme.

O como si esa imagen invertida obedeciera.

Absurdo el existir.

Para solo recordar.

Absurdo el sentido del pecado sin saber qué es el mal.

Y más absurdo es tener un cuerpo si está vacío.

Me río de mi propio ser.

Me ridiculizo con estos miedos.

La vida pasa.

¡Sí y qué más!

¿Debo temer a la vejez?

¿Por qué?

¿Debo temer a la soledad?

¿Para qué?

Más insólito aún es amar un cuerpo.

Enardecerse por su presencia.

Ya que no puedo apagar el fuego de este corazón.

Que quema, que vive, que quema y quema.

Y respira en las brasas, insoportablemente irrisorias.

¿Para qué te deseo tanto?

Si has de partir siempre al final de cada encuentro.

¿Para qué nací mujer si no puedo serlo?

¿Para qué busco la sangre?

Si es una mancha roja de risa.

Que no devuelve nada.

Simplemente proporciona vida y fuego a este pecho loco

de desamor.

Absurdos son los labios que carcomen mi entraña.

Desvivida y desquiciada por ese ser de niebla.

Parecido a un payaso ignoto del tiempo y del existir.

Payaso de carne.

Pordiosero del espejo.

No sabes mirarme.

No sabes encontrar en mí, el hueco que abre al otro mundo.

No sabes siquiera, desempeñar tu número teatral dentro del circo.

El templo de la magia y el absurdo.

Entre malabares y entre bestias.

Es absurdo creerse vivo.

Amparo Carranza Vélez. 16 de Abril de 2006

14.7.08

HOY LA SOLEDAD



Me sabe infinita.
Creo comprender que hoy.
Realmente pude palparlo.
Siempre me he sentido sola.

Hoy vislumbré la pequeñez
en el mundo
y su fragmentada inmensidad.
Desintegro mi ser en lo absurdo.

Pude entender el amor, alguna vez.
Y veo que no es factible en los demás.
La soledad solo es palpable.
Siempre a cada instante.
Dentro, arriba, delante y detrás.

Hoy caminé como caminaba en mi niñez.
Pero sin descubrir el mundo alrededor.
Hoy caminé descubriendo el frío
que siempre alberga el corazón.
Desde la primera vez.

Hay un desaliño de vida.
Que no llego a controlar.
Una mácula de destino.
Que se desdobla.

Hoy la soledad
me dice que seré siempre
su sierva, su niña, su prisionera.
Ella me entregará un día
en los brazos mismos de la muerte.
Y yo no sentiré ningún cambio de lumbre.
Ni de sensación. Ni de fin.
Si será entonces cuando la soledad,
se desdibuje sola de mí.


28 de Mayo de 2008.